LA REALIDAD

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martes, 18 de enero de 2011

PALMENSE, ¿GENTILICIO DEL NACIDO EN LAS PALMAS DE GRAN CANARIA?

Es incomprensible e injustificable que el natural de la Ciudad Real de Las Palmas de Gran Canaria no posea un gentilicio que lo identifique como nacido en ella, porque si alega que es canario no tiene consistencia alguna pues este gentilicio abarca a los naturales de todo el archipiélago, según definición de la Real Academia de la Lengua Española -a la que en citas posteriores designaré como R.A.E-, y si expresa que es grancanario solamente se refiere a los nativos de la isla de Gran Canaria, según expone el diccionario de la citada academia. Entonces ¿cómo nos identificamos los naturales de la referida ciudad capitalina? La R.A.E. no los consigna con gentilicio alguno, pero si lo hace con los de Santa Cruz de Chicharrelandia, denominándolos santacruceros, que también es aplicable a los nacidos en Santa Cruz de La Palma, cuyo nombre es anterior al de la capital de Chicharrelandia, que fue conquistada, como mínimo, un año después.

Sin embargo la R.A.E. si que ha admitido gentilicios para los nacidos en todas las capitales de provincia de la península -la mayoría inferiores en importancia y en número de habitantes a la nuestra, que es la octava de la nación en población-, y en casi todas la ciudades y pueblos peninsulares, y también en alguna ciudad de Canarias pues en su diccionario aparece lagunero como natural de La Laguna, sita en Tinerfelandia, pero no teldense, aruquense, galdense o guiense para los nativos de Telde, Arucas, Gáldar y Guía de Gran Canaria.

¿Por qué la R.A.E. tiene esa censurable tendencia hacia Cicharrelandia? ¿Por qué margina a la capital y a las ciudades importantes de nuestra isla, que fue, además, la que dio nombre al archipiélago? Es totalmente criticable -en su sentido peyorativo- que los académicos de la R.A.E. no se hayan preocupado de adoptar un gentilicio para designar a los naturales de la más importante ciudad de las Islas Canarias, cocapital de la comunidad autónoma canaria y capital de la isla más relevante por sus industrias, por su puerto, por su aeropuerto, por su comercio, por su cultura, etc, de nuestra autonomía.

Sin embargo si ha sancionado canarión para referirse a los grancanarios, coloquialmente expone, cuando es un mote despectivo inventado por el hipócrita antigrancanario Elfidio Alonso, que, cuando viene por aquí con su grupo folklórico Los Sabandeños, intenta persuadirnos de que está por encima del mal llamado "pleito insular", que fueron los chicharrerones sus creadores, y de que "es canario" de todas las islas, auténtica falsedad porque, entre otras cosas, ha negado que Colón estuviera en Gran Canaria y en la Ciudad Real de Las Palmas en el viaje del Descubrimiento en un articulejo publicado en el Día-rrea de don Pepone hace varios años, y al que repliqué con argumentos y datos históricos, que no vienen al caso repetir aquí. Por lo visto, el tal Elfidio debe tener grandes influencias en la R.A.E. para conseguir que ese falso gentilicio fuera refrendado, y que los naturales de Gran Canaria deberíamos rechazar enérgicamente definiéndonos única y exclusivamente como grancanarios, que es lo que en puridad somos.

En el diccionario de esta R.A.E. está palmesano como gentilicio del natural de Palma de Mallorca, y palmero como nativo de la isla de La Palma, y, ante esto, estimo que para los nacidos en Las Palmas de Gran Canaria quedan dos términos: palmense o palmeño. Yo, particularmente opto por el primero porque me agrada más su fonética, y es el que suelo usar cuando se me pregunta por mi origen o cuando hablo o escribo sobre otros coterráneos, especialmente los mundialmente famosos Benito Pérez Galdós y Alfredo Kraus Trujillo.

Algunas personas que también se han ocupado del tema de nuestro gentilicio han propuesto el de laspalmense -por Las Palmas-, pero no parece acertado porque entonces habría que decir lapalmero, lagomero y elherreño porque los nombres de sus islas llevan el artículo determinado la y el -La Palma, La Gomera y El Hierro-.

Nuestro Ayuntamiento debería dirigirse a la R.A.E. proponiéndole que adopte un gentilicio para sus naturales, que muy bien podría ser alguno de los que he expuesto anteriormente, o sea: palmense o palmeño. Ya he expresado precedentemente mi inclinación por el primero, pero como no pretendo imponer mi gusto, sugiero al Alcalde, Jerónimo Saavedra, y a toda la corporación municipal que lo decidan ellos, y que, en caso de no llegar a un acuerdo razonable o si no se consigue una mayoría clara a favor de una u otra denominación o gentilicio, que se realice una consulta popular para que seamos los nacidos en nuestra ciudad los que lo decidamos, puesto que es una absoluta incomprensión que no tengamos un nombre que nos identifique como naturales de Las Palmas de Gran Canaria ya que definirnos como grancanarios se refiere a la isla, y como canarios al archipiélago, lo que constituye una irrelevancia total porque además tendríamos que precisar a quien nos interrogue por nuestro origen que procedemos de Las Palmas de Gran Canaria, cuando es muchísimo más razonable y sencillo contestar que somos palmenses o palmeños, a elegir por a los que correspondan uno de los dos gentilicios.

Y aunque esta propuesta no conlleva una urgencia o una inmediatez en su solución, si considero que tampoco se debe demorar o rechazar como algo intranscendente porque los que hemos nacido en Las Palmas de Gran Canaria debemos tener un gentilicio que nos identifique, como el nombre propio identifica a una persona. Creo que esto es elemental. Pero me temo que Jerónimo Saavedra, que ha hecho caso omiso de otras propuestas mías para el renombre de nuestra capital, tire también esta otra a la papelera por no considerarla interesante. En puridad, ¿qué ha sido interesante para él en estos casi cuatro años de su mandato? Confieso, con decepción, que no logro descubrirlo, fracasando mi formación serlockholmesiana.

CARMELO DÁVILA NIETO